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Monday, December 20, 2010

Hace 50 Años....

Hace 50 años exactamente, el 10 de Diciembre de 1960, conocí a Marilú en el University Club de la Ciudad de México, durante la cena anual de Ejecutivos de Ventas, A.C., del cual eran miembros su papá, Don Mario Fernández Paz y mi padrastro Don Leonardo M. Mayer. Ambos expresamos después, que no queríamos ir acompañando a nuestros padres a una “cena de mayores".

De todos modos asistimos, y ahí empezó la historia de la familia Treviño-Fernández que formamos Marilú y yo. Pero ahora, en un cerrar de ojos, ya han pasado 50 años del suceso y 6 meses del deceso de Marilú el 18 de Junio pasado. Durante aquella cena, no quitaba mí vista de Marilú, lo cual notó mi mamá, quien me indicó que si no sacaba a bailar a esa bella muchacha, ella misma, mi mamá, ¡iría a sacarla a bailar por mí! Acto seguido se incorporaron y se dirigieron a esa mesa, iban a saludar a un amigo que ahí se encontraba sentado, quien presento a los Fernández con los Mayer.

De inmediato, antes de que otra cosa se sucediera saque a bailar a Marilú. Creía que era posible se negara y especulaba que entonces convenía mejor sacar a bailar a la güerita, que también se encontraba ahí, que seguramente era una gringuita de intercambio y así salvaba cara. La gringuita resulto ser Ma. Luisa, Maricha, hermana de Marilú. Baile con Marilú varias piezas y solo logre me diera su teléfono pero no su dirección.... Le dije mientras bailábamos que sus ojos verdes, eran muy bonitos, preciosos, y me encanto su disposición, me vi motivado a establecer contacto luego-luego, a la mañana siguiente....

Don Mario, su papá, previno a Marilú de no aceptar mis llamadas, porque concluyó confundido, que había mentido, al decirle a Marilú mi apellido Treviño, cuando a él, le presentaron a mis padres los Señores Mayer...!?! Se pudo aclarar la confusión y siguiendo con el juego solo pude obtener los datos de la esquina donde vivía Marilú, en Presidente Mazarik y Tennison, pero no el número exacto de la casa en la calle. Como fue de esperarse, llegue después de haber tocado la puerta en las otras tres esquinas....

Esa tarde del domingo 11 de Diciembre conocí a los otros cinco hermanos y a una prima-hermana, a Loly; Marilú me atendió muy bien, ofreciéndome un cafecito. Era el café más aromático y sabroso que hasta entonces había tomado, mezcla que hacía Don Mario del café de las fincas de Doña Luli en Coatepec, Veracruz.

Hoy, en ausencia de Marilú, mis reflexiones van hacia lo más profundo de nuestra larga relación y convivencia. Tuvimos dos ocasiones, épocas especiales, de intimidad intensa, al empezar y casi al final. La primera cuando vivimos en Londres, Inglaterra, en 1964, ahí fraguamos nuestra relación y recientemente en el 2008/2009 en Boston, MA, durante el tratamiento exitoso contra el linfoma, que la afectaba.

Antes del trasplante de células madre nos pasamos 90 días "encerrados" en nuestro Departamento de Boston, encierro necesario para evitarle al paciente posibles infecciones; días que a pesar de la presión natural del caso, junto con los miedos que resurgen; la pasamos en paz, preparándonos para hacerle frente a lo que viniera. Logramos pasar por esa situación muy positivamente, con profunda certeza, no nos peleamos, dicen que estar encerrados atrae el conflicto, y se consolidó la confianza del uno con el otro.


La confianza es primordial para lograr intimidad y entonces voluntariamente exponerse a estar emocionalmente vulnerable y solo es así cuando la intimidad es sanadora. Una relación humana totalmente comprometida, permite a las dos personas experimentar confianza absoluta con cada quien. La confianza permite sentir seguridad; abriéndole el corazón al otro y estando totalmente desnudo y vulnerable ante él o ella--física, emocional, y espiritualmente. Con el corazón totalmente abierto y vulnerable se experimentan niveles de intimidad profundos que son sanadores, alegres, poderosos, creativos, y de intenso éxtasis. Se rinde el uno ante el otro con fortaleza y sabiduría--y no con temor, debilidad o sumisión.

Marilú decía: “Abraza a las personas cercanas, ámalas intensamente y vive cada día como si no hubiera mañana, porque un día, encontrarás que fue verdad...."

Olvidamos que la palabra hablada contiene su propia muy poderosa magia. Nos abstenemos en decir “te amo” porque asumimos que es algo ya bien conocido. Nos frenamos en halagar al otro, porque después de un corto tiempo, razonamos que eso “se ha dicho antes, así que porque mencionarlo de nuevo”. Nos detenemos en decirle a quienes queremos, cuanto apreciamos lo que hacen, porque esas cosas se han convertido en la norma, porque han perdido su brillo y ya eventualmente pasan desapercibidas. Se pasa juntos, por muchos dolores de cabeza, decepciones y promesas rotas para todavía estar amorosos y deseosos del cariño del otro.

Y ahora descubro que mi amor por Marilú era mayor de lo que me percataba estando ella con vida…. Considero que muchas veces he sentido una gran cantidad de amor, compasión u orgullo por ella o mis hijos o mis nietos, que hasta me quitan el aliento y ahí me quedé sin decir nada. La vida es muy corta para no hacer lo mejor de cada momento que tienes con aquellos que amas. Me doy cuenta que así son, somos, la mayoría, sin percatarnos o darle importancia al hecho de que existen planos más elevados del amor y la confianza.

Ahora, por fin, me detengo a observar las expresiones y acciones de aquellos en mi vida y reaccionaré de acuerdo a la situación (hay momentos correctos y malos momentos para mostrar aprecio). Seré una persona más considerada y segura, haré más cumplidos, seré amigo más compasivo, más deseoso y expresivo en el amor y en general una persona honestamente más afectuosa. Notaré y apreciaré lo que otros hacen por mí y me alegraré en el momento que escuche algo bueno de mí. No permitiré que esos preciosos momentos se pierdan, olviden o no se hagan notar.

Estos son aprendizajes de los últimos 50 años....

Ahora, con determinación, la necesidad, es lograr desapegarse del pasado, para dar lugar a que se suceda el futuro; vivir solo en el presente trae consigo la posibilidad de re-encontrar la felicidad. Sin ataduras, hay que fomentar amistades donde prevalezca la confianza, exista atracción, haya compatibilidad intelectual y se facilite la comunión del alma. Así se vivirá con más intensidad y las relaciones personales estarán en un alto nivel gratamente positivo y creativo, sobre todo durante esta, la última etapa de la vida.

No hay otra alternativa posible, hay que utilizar estos aprendizajes al límite, para aprovechar ahora, por fin, el tiempo que se acorta rápidamente. Es atreverse a salirse del huacal en el que solitos nos hemos metido durante tanto tiempo. Los demás quedarán sorprendidos, pero acordarán gustosos el camino escogido y rápidamente participarán en el. ¡No nos queda de otra! Y como dijo mi hijo Víctor Antonio, la frase que le aconsejo Marilú:

¡Lo que termina – termina!


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