El viernes pasado, a punto de empezar una reunión en Guadalajara, sonó mi teléfono, era Juan, mi cuñado: “Víctor, que se cayó tu mamá está en mi casa o en su casa, no sé bien, pero Vero salió para allá, yo estoy en la graduación de Juan Pa”.
Inevitablemente, esta llamada me recordó la vez que el mismo Juan habló, estando de viaje en New Hampshire, para avisar que había muerto mi abuelito Mario.
Hablé a casa de mis papás, me contestó Doña Leo, muy alarmada, le hice algunas preguntas, pero su grado de alarma y las respuestas que me daba no hacían sentido. Me comentó que Tere estaba ahí.
La imagen en mi mente era que mi mamá se había caído, tenía una pequeña herida y muy probablemente una contusión de la que seguramente saldría sin problemas. Colgué.
Algo no hacía sentido, volví a hablar pero ahora pedí hablar con Tere. Le pregunté si mi mamá estaba conciente, si hablaba, si la reconocía, si respiraba. La respuesta a todas las preguntas fue que no, excepto la respiración la cual realizaba con dificultad. La imagen de saber que Tere, su donadora de médula y quién tanto la quería estaba con ella era reconfortante: Gracias Tere.
En el trayecto al aeropuerto de Guadalajara pude hablar con mi papá, estaba en la ambulancia rumbo al hospital. “¿Cómo está?” le pregunté “Se ve muy mal la situación” me contestó. Colgando, empecé a llorar pensando: “No quiero que se muera mi mamá”.
En el aeropuerto de Guadalajara no había luz, había demasiado silencio, el ambiente era lúgubre. Después de pasar los filtros de seguridad, sin electricidad, después de revisiones de seguridad a mano, con linternas y muy lentas, llegué, por fin, a mi asiento en el avión que despegaría a las 5 de la tarde.
Volví a llamar a mi papá: “Mejor te paso al doctor” me dijo. “Espérame, tengo que apagar el celular porque ya vamos a despegar”, “Bueno, llámame en cuanto aterrices” me dijo.
Durante los 50 minutos que dura el vuelo de Guadalajara a México, mi mente, brincaba entre las posibilidades: “Mi mamá va llegar al hospital, le van coser algunas puntadas, se le va a desinflamar la cabeza y listo”, pero también venían a mi mente las palabras de Tere y mi papá “La cosa se ve mal”, “No respira bien”. Empecé a vivir una pesadilla despierto. La realidad parecía esconderse detrás de la niebla y la mente, para protegerse, intentaba negar lo inminente.
“¿Cómo puede ser posible que mi mamá muriera de un golpe en la cabeza, después de tanto luchar contra el cáncer? ¡No puede ser!”. “Pero, ¿Si el golpe fue de tal magnitud que quedara paralítica, o con muerte cerebral?” Cualquiera de las posibilidades estaban fuera de la realidad y no eran asimilables. Además, pensé, mi mamá no puede morirse, ¡Yo quiero que un día, conozca y abrace un hijo mío! Pensamiento que era doblemente doloroso.
Aterrizó el avión, una vez que el celular terminó su proceso de encendido, llamé a mi papá y oí lo que no quería: “Ya no pudieron hacer nada, estamos aquí en el hospital”.
En el trayecto del aeropuerto al hospital lo único que pensaba era: “Yo no se vivir esto”. Hablé por teléfono con mis amigos y la persona mas cercana a mi corazón de quienes empecé a recibir cariño y consuelo. Deseaba que hubiera más tráfico entre el aeropuerto y el hospital para tardar más en llegar.
Llegando al hospital me encontré con mi papá y Vero. Lloramos los tres abrazados, y lloramos bien fuerte, como Dios manda.
Manolo, que estaba ahí en el hospital, se movilizo para organizar los trámites de la funeraria, lo cual hizo más sencillo el trance para nosotros: Gracias Manolo.
Para mi, ¿Quién fue Marilú?
Desde luego que antes que nada fue mi mamá; ¡Y que mamá! Nos podríamos quedar horas hablando de sus cualidades como madre: guapa, eficiente, exigente, inteligente, coherente, justa, alegre…
En mis memorias de niño tengo clarísimas imágenes de la eficacia y cariño con que mi mamá administraba la casa y nos educaba a mis hermanos y a mi. Todo funcionaba como relojito y siempre hubieron límites claros y justos.
De mi mamá adquirí el gusto por la cocina. Un excelente sazón que Doña Leo supo emular a la perfección. Siempre comimos comida deliciosa, variada, nutritiva. Nunca faltó el jugo de naranja fresco en la mañana, el agua de limón al medio día y las tortillas con queso crema. Los antojitos en la noche, la botana a las 2:00pm en punto, buen vino, deliciosos postres y un excelente café. ¡Y no se diga la sobremesa!
Marilú fue una esplendida conversadora, del tema que fuera: política, deportes, arte, religión, relaciones personales o filosofía. En inglés o en español, daba igual. Su punto de vista era firme pero abierta a nuevas ideas y puntos de vista.
Marilú siempre antepuso la concordia y el bienestar de la familia a cualquier otra cosa. No solamente en nuestra familia nuclear, sino en su familia de origen, con sus propios papás, hermanos, cuñados y sobrinos, con su familia política (mi familia paterna) y desde luego, con las familias D’argence y Ortiz Mena.
Hace unas cuantas semanas, mi amigo Mario Pezzi, me recordaba una vez que lo invité a comer a la casa saliendo de clases en la universidad. Mario llevaba puesta una camisa evidentemente verde: “Si así estás verde, cómo estarás maduro” le dijo mi mamá. Mario y yo nos reímos mucho al recordarlo. Hace pocos días le recordé a mi mamá esta anécdota. Solo dijo con una sonrisa en la boca: “¡Que barbaridad! ¡Cómo le dije eso! ¡Que vergüenza!”.
Mis amigos y yo nunca vamos a olvidar los fines de semana en Cuernavaca: Los desayunos, las sobremesas, la bola de cuates con ganas de echar relajo pero siempre cobijados por nuestra anfitriona Marilú.
Sin embargo, déjenme decirles que Marilú, es para mi mucho más que mi mamá. Y no es que ser mamá sea poca cosa, pero Marilú no se quedaba ahí, siempre fue una persona fuera de lo común.
Me imagino a mi mamá hace 50 años: Una muchacha guapa con fuertes lazos con la colonia española, hija mayor de una familia tradicional. Pero que a la vez, elige como pareja a mi papá; un muchacho joven con un perfil diametralmente opuesto a lo que muy probablemente era lo esperado por su familia: Ajeno a la colonia española, inclusive afín con la colonia inglesa, con un apellido distinto al de su papá, educado en una academia militar en Estados Unidos, trabajando para IBM mientras estudiaba en el ITAM y que volaba planeadores.
El dúo de Marilú y Víctor, el cual cumpliría 46 años en 3 días, resultó ser un equipazo. Formaron un matrimonio funcional, cariñoso y duradero cuyos frutos son una bonita familia cuyos integrantes más recientes y hermosos están hoy aquí personificados por mis 7 sobrinos.
Mientras mis hermanos y yo fuimos creciendo, fuimos testigos de cómo el espíritu de Marilú se desarrolló y cultivó jalándonos a todos detrás de ella.
No se hace cuantos años, mi mamá encontraría una verdadera vocación colaborando con Maruja en Cecura. En ese entonces me preguntaba “¿Que hace mi mamá hablando con personas con enfermedades y muertes, si en nuestra familia nadie se muere ni se enferma? “
Era una época especial en donde en la familia verdaderamente nadie se enfermaba y mucho menos se moría. Habían muerto mis bisabuelos, y mi abuela Lilia, pero mis demás abuelos, papás, tíos y toda la familia era joven y sana.
Sin importar que la familia era joven y sana, cómo si mi mamá hubiera sabido que tenía que prepararse y desbordar su preparación espiritual al resto de la familia, empezamos a crecer espiritualmente, aprendiendo puntos de vista coherentes, prácticos y de acuerdo al mundo real acerca de la espiritualidad del ser humano. La doctrina y dogma tradicional cristiano servía como un muy buen fundamento, pero los principios de “Curación de Actitudes” y más específicamente del “Curso en Milagros”, empezaron a completar una visión espiritual profunda y a la vez práctica de cómo Marilú veía el mundo espiritual.
El 15 de mayo de 1999 nació Andy, mi sobrino, lo cual marcaría el inicio de un camino difícil, lleno de retos, de dolor pero también lleno de milagros. ¿Sería que Marilú nos preparó todos esos años para este momento? La burbuja de salud en la que vivimos muchos años se rompió, y surgió ese espíritu indomable de Marilú ahora desbordado y multiplicado principalmente en Paulina y Andrés. No hubiera sido posible vivir los años de enfermedad de Andy sin el soporte y la férrea estructura espiritual de Marilú.
Mi mamá nunca dudó que Andy se curaría. El milagro se realizó: Andy está sano, recientemente terminó 4º de primaria, tiene con una expectativa de vida igual a la de cualquier otro niño de su clase, después de cientos de noches de hospital, y decenas de momentos en los que parecía que no sobreviviría.
Andy recibió su nueva médula el 29 de octubre del 2004, y a partir de ese momento, empezó a renacer y a estar mejor cada día. No se podía cantar victoria inmediatamente, la nueva médula toma tiempo en injertar, pero lo que había que hacer estaba hecho.
Después del transplante de Andy no tuvimos mucho descanso. La salud de mi abuelito Mario se deterioró rápidamente hasta su muerte en agosto del 2006.
Por esa misma época, no me acuerdo exactamente cuando, fue que le encontraron a Marilú un ganglio “sospechoso”, lo que marcó el principio de una nueva aventura ahora contra el linfoma.
Andrés y yo nos entrenábamos para el maratón de Boston. El correrlo, para mí, simbolizaba el resumir en 6 meses de entrenamiento y luego 42 kilómetros en 4 horas y media, el camino que recorrió Andy, y toda la familia junto con él para llegar a la meta de su curación.
El haber corrido el 111 maratón de Boston, el 16 de abril del 2007 marcó para mi un parte aguas para celebrar que ¡Habíamos presenciado un milagro! Bueno, dos milagros: 1) La enfermedad de Andy llegaba a su fin y 2) Haber corrido el maratón.
Yo tenía la ilusión de que empezaría una nueva época de salud y estabilidad emocional para mi familia, pero no fue así.
Con el espíritu fortalecido y a la vez algo cansado, la vida ponía a nuestra familia, una vez más, ante un reto: Vivir, tratar y curar el cáncer de Marilú. El sentimiento era “agridulce”, por un lado pensaba: “Carmina tuvo el mismo cáncer y ya está muy bien; la enfermedad de Andy era imposible siquiera de diagnosticar y ya está bien: Todo va a estar bien” pero por el otro me daba coraje: “¡Ya estuvo bueno! ¿Qué no es suficiente ya?”.
Durante la segunda mitad del 2007 Marilú recibió sus quimioterapias en el hospital ABC. El proceso era relativamente sencillo: Una noche en el hospital, cada dos o tres semanas, mientras pasaban los químicos, algunos malestares y náuseas durante algunos días, pérdida de pelo, y ¡Listo!
Un regalo para mi en ese momento fue una noche que pasé con Marilú en el hospital. Antes de dormirnos empezamos a platicar y nos seguimos mucho rato platicando, no como mamá e hijo, sino cómo amigos.
El 11 de octubre del 2007, 3 años después del transplante de Andy, los doctores declaraban a Marilú en “remisión”. Ese día en un mail mi mamá nos decía:
Hola!
Hoy fui al doctor por ultima vez y me dijo que ya estaba en REMISIÓN.
Que me olvidara de los doctores y hospital y me divirtiera.
Me felicitó, me dijo que ha sido un éxito mi tratamiento.
Estoy feliz y se los comparto.
Todos los días me llegan estos mensajes del "Renaissance" y como coincidencia este es el pensamiento del día de hoy.
Muchas gracias por todo.,.,. y reciban todo mi cariño.
Marilu.
El pensamiento del día 11 de octubre del 2007 decía:
Throw back the shoulders, let the heart sing, let the eyes flash, let the mind be lifted up, look upward and say to yourself “nothing is impossible!”
~Norman Vincent Peale
Today's affirmation:
I approach my day with new love, new joy and a new attitude!
Today's meditation:
Dear God,
Today is a new day.
I am more aware of Your presence within me today than I was yesterday.
I have a new drive in me to love, learn, serve and enjoy my life.
Today, all great things are possible.
Thank you, God!
Amen
Para finales del 2007, el proceso de la quimioterapia ya había terminado, inclusive, para Navidad, Marilú ya tenía su propio pelo de regreso.
Parecía que finalmente llegábamos al final del camino. La preparación espiritual de tantos años surtía efecto: ¡La fortaleza de espíritu, la determinación y la ciencia habían vencido al cáncer! Pero pocos meses después, nos enteramos que no podíamos bajar la guardia todavía.
En una endoscopía durante una revisión médica de rutina, en Boston, encontraban que el cáncer de Marilú había regresado. Ahora con células de linfoma en el intestino.
¡Cómo!, ¡No es posible!, ¡Otra vez!, ¡Me lleva el tren!, Cuando ya estábamos guardando nuestras espadas había que desenfundarlas de nuevo.
No era fácil la decisión de qué camino tomar. Algunos doctores opinaban que el cáncer avanzaría muy lentamente y que no valía la pena adelantar un tratamiento. Otros doctores opinaban lo contrario y sugirieron ir adelante con el transplante de médula para terminar con el cáncer de una vez por todas.
Pienso que en ese momento, mi mamá prefería no llevar a cabo ningún tratamiento e intentar dominar y detener el cáncer con espíritu y determinación: sin quimoterapias. Sin embargo, mi papá, mis hermanos y yo insistimos que fuera a Boston para de una vez por todas, recibir el mejor tratamiento disponible en el mundo y científicamente comprobado.
El vivir en Boston para mi mamá y sus nietos fue “Un regalo con envoltura extravagante”. El tratamiento fue más difícil de lo esperado, por ejemplo: Una primera quimioterapia no se pudo deshacer del cáncer en el intestino y hubo que aplicar radiaciones retrasando y complicando el proceso. Pero al mismo tiempo, Marilú tuvo oportunidad de convivir intensamente con sus 6 nietos y estar presente en el nacimiento de Tania.
El miércoles 25 de febrero del 2009, hace apenas 16 meses, llegó finalmente el día del transplante de médula. Fue un día muy especial: Casualmente, era miércoles de ceniza: un contraste poético entre “Polvo Eres y en Polvo te Convertirás” y la lucha por la vida. Ese día mi mamá deseaba alargar su vida en por lo menos 20 años. Nunca imaginamos que solo fueran a ser 16 meses.
Sus amigos, mi papá, mis hermanos y yo sabemos cómo a Marilú le fascinan las sincronicidades.
La sincronicidad no es algo del todo mágico: El mismo Carl Jung estudió las sincronicidad a detalle y la definió cómo “La simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal” es decir, que no se vinculan cómo causa/efecto.
Estamos acostumbrados, y la ciencia funciona explicando fenómenos como causas o efectos. Sin embargo, este método de estudio omite analizar las relaciones entre sucesos que no son ni causa ni efecto uno del otro, pero que están evidentemente relacionados y que suceden todo el tiempo. A este tipo de sucesos les podemos llamar casualidades, o podemos reconocerlas por lo que verdaderamente son: Eventos reales y manifestaciones sobrenaturales aun no explicadas por el raciocinio o la ciencia humana.
Mis papás regresaron de Boston a México el 30 de octubre, hace apenas 8 meses. De la misma manera que el tiempo que pasaron en Boston fue un regalo para mis hermanos y mis sobrinos, los pasados 8 meses fueron un regalo para mi.
Los últimos meses han sido tiempos en los que mi vida se ha transformado y plagado de sincronicidad. Esta transformación no sería posible sin las palabras, el espíritu, la energía y la alegría de Marilú.
La energía de Marilú al vivir la vida es contagiosa, no admite grises, es a todo color, en alta definición y a toda potencia. Atrayendo en todo momento la sincronicidad que tanto le fascina.
No por nada Marianne Williamson afirma: “Sinchronicity is God’s handwritting”.
Algunas de las sincronicidades que he vivido en los últimos meses son tan extremas, que platicarlas en el contexto del “torbellino de la vida diaria” las desvirtuaría, por lo que prefiero quedarme con ellas en intimidad, y como una presencia espiritual de Marilú para mi en lo personal.
No obstante, con gusto les comparto el contenido de el penúltimo correo que recibí de mi mamá 4 días antes del accidente:
Victor,
Este correo me llegó hoy y como creo en las coincidencias como algo positivo...te lo comparto.
En la india se enseñan “Las Cuatro Leyes de la Espiritualidad:”
La primera dice:
“La persona que llega es la persona correcta”
La segunda dice:
“Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido”
La tercera dice:
“En cualquier momento que comience es el momento correcto”
La cuarta y ultima:
“Cuando algo termina, termina”
Vive bien. Ama con todo tu ser y se intensamente feliz!
En la comida tuve algo en la punta de la lengua para decirlo y no te lo dije...TE QUIERO MUCHO.
Marilu.
¡Así será y yo también te quiero mucho, mamá!