Hace casi once años cuando en Diciembre de 1998, Víctor E., sufre un infarto…. Se encontraban en México, Andrés y Paulina, fue después del desayuno, ya con prisa para ir a la oficina cuando Víctor E., empieza a sentirse muy mal. Un malestar general con nausea y dolor de estomago, aunado a unos dolores raros pero intensos en la axila izquierda y la quijada. Se iban y venían los malestares, junto con giros de humor, de tristeza a la alegría sin límites, era un comportamiento extraño, de lamentos y risas al ritmo con los dolores descritos. Sería una situación de pánico instintivo, ya que no era consciente de ninguna forma.
Uno de nuestros amigos doctor, llego rápidamente al llamado de Marilú, pero no detecto que Víctor E., estuviera bajo ningún peligro de índole cardiaca, pero Marilú por ese sexto sentido que tiene y porque nunca había visto a Víctor E., comportarse tan raro, con sus hijos, llego al consenso que algo se tenía que hacer urgentemente y tomo el teléfono y llamo a nuestro otro amigo médico el cardiólogo Juan Verdejo Paris en el Instituto Nacional de Cardiología. Mientras esto pasaba el amigo-doctor que llego a casa chuleaba a Paulina….
Como en cualquier institución grande, en el teléfono, es muy difícil que inmediatamente se consiga a la persona que se busca. Se equivoca Marilú y en la desesperación cambia la “V” por la “P” del apellido de Juan Verdejo y quien la escuchaba piensa que se lo decía a él o ella, obedece y la transfiere inmediatamente. Sirvió usar la palabra con “P”, a Víctor E., entonces le da un ataque de risa difícil de calmar. Llega la ambulancia a la cual no quería Víctor E., subirse, pero rápidamente los enfermeros, Marilú y sus hijos, lo ponen en orden y lo suben y entregan en Cardiología.
Al llegar a Cardiología un grupo especializado de enfermeras y doctores muy coordinados cambian de ropa a Víctor E., tan coordinados que ninguno se tropezó con los otros en un cuarto reducido. De ahí al piso de cuidados intensivos, un piso ordenado en cubículos alrededor de la isla donde se centralizan los médicos y las enfermeras. Cada cubículo equipado con todo lo necesario para mantener vigilando electrónicamente a cada enfermo, además con las instalaciones necesarias tales como las de suministro de oxigeno, etc. Conectan a Víctor E., a todos los aparatos y empiezan a suministrarle oxigeno y medicamentos por las venas, para normalizar su estado cardiaco.
Al llegar uno de los médicos le preguntó a Víctor E., si comprendía porque lo habían llevado ahí, Víctor E., contestó por un problema del corazón, ¡pero ya me siento mejor…! Dijo, y el doctor comenta, si, tuvo Ud. un infarto, y aquí lo vamos a curar. Y empieza el desfile de médicos y enfermeras, unos haciendo toda clase de preguntas otros con tareas específicas y anotando lo sucedido. Dentro de Cardiología, trabaja una orden de monjas especializadas en enfermedades del corazón, muy eficientes y empáticas con los pacientes, no solo ayudan medicamente si no también moralmente dando apoyo a quien lo necesite. Parecía extraño que en un hospital del gobierno operara un orden de religiosas, pero lo hacen muy eficientemente y se esmeraron las que tocaron atender a Víctor E.
Constantemente se zafaban los pequeños cables del electrocardiograma por lo velludo de Víctor, E., y una y otra vez los acomodaban arrancando más y más vellos en cada ocasión; entonces Víctor E., discierne como evitar la pequeña tortura de esa depilación involuntaria y les propone a las enfermeras un concurso, que la que menos vellos arrancara se llevaría un premio. Y gano la enfermera de apellidos Camacho Solís, quien rasuró a Víctor E., y así terminó con el pequeño tormento.
Era viernes cuando internaron a Víctor E., ya entrada la noche empezó la función, cuando se escuchaba una clave, todo el personal se apresuraba hacia cierto lugar, Víctor E., solo podía ver parte de la acción, las carreras que pegaban las enfermeras y doctores hacia ese lugar a veces a la izquierda y otras a la derecha del cubículo en el que lo pusieron. Al rato regresaban a sentarse y algunas veces cuando la crisis había sido del lado derecho pasaban empujando una camilla con una bolsa negra con zíper en medio, para tomar los elevadores y desalojar al cadáver, después de la segunda vez Víctor E., ya no pudo dormir, más bien no se quería descuidar y optó por mejor dormir durante el día….
Los médicos de guardia recibieron recomendaciones de darle buen trato a Víctor E., una de ellas, la más importante, de una figura tradicional del Instituto, con quien había hablado Don Antonio Ortiz Mena. El médico en turno no sabiendo que más hacer consiguió una cajita adicional de cereal y se la entrego a Víctor E., pidiéndole que cuando le preguntaran dijera que lo habían tratado preferentemente. ¡Otra cajita de Corn Flakes…!
Había un misterio; la intriga era que el vecino de junto no pedía el pato ¿¡!? Como le hacía, era la duda ¿¡!? Y muy cómico la enfermera chaparrita, casi enana, cuya tarea era de bañar y mantener limpios a los pacientes, casi no alcanzaba la cama por chiquita y si no había banquito, bañaba estilo hospital con una esponja, sin alcanzar a ver, Víctor E., la apodó “La Ba-Ñora” que fue adoptado de inmediato e inclusive no le cayó mal a la enfermera chaparrita.
El lunes se resolvieron los misterios. El primero y más importante Víctor E., recibe información e instrucciones a lo que lo iban a someter. Ejecutarían una angioplastia y seguramente la colocación de uno o más “stents”, según fuera necesario y remotamente posible, si algo saliera muy mal o fuera urgentemente aconsejable de acuerdo a resultados de la angioplastia, uno o varios by-passes. El segundo misterio, las personas que sacaban en las bolsas negras por las noches, eran personas de muy avanzada edad que ahí terminaban su travesía, ¿porque solo de noche? Sigue siendo la pregunta; y el tercer misterio resuelto fue que al salir Víctor E., de su cubículo se percata que el paciente de junto era mujer, por eso nunca necesitó del pato….
Pocos visitantes podían entrar a ese piso especial, por los internados ahí, que se encontraban en estado altamente crítico. Vino el Padre Antonio Sandoval Tajonar, desde Cuernavaca a rezar junto con Víctor E., le infundió mucha paz y tranquilidad y también entraron Gerardo y Maruja Cándano quienes proporcionaron muchos ánimos. Marilú, Víctor A., Verónica y Andrés se turnaban para entrar, también estuvieron Leonardo M. Mayer y Susan Gould su esposa.
Entrando a la sala de radiación especial en donde se ejecutan las angioplastias, ponen a Víctor E., en una plancha fría y muy angosta. Le señalan a Víctor E., el umbral hacía otra sala, la de operaciones, en donde se llevan a cabo los “by-passes”. Vestían un traje verde de cabeza a pies, para resguardar a los doctores de los rayos-X a los que están sometidos por muchas horas junto con sus pacientes. Parecían buzos o astronautas, el paciente no les puede ver las caras a los que llevan a cabo el procedimiento, si no hasta el final, si ahí termina el procedimiento, cuando se quitan la “escafandra” que les cubre la cabeza.
Por la ingle, en la arteria, meten un liquido radioactivo, seguido introducen un cable, en cuya punta lleva un globo sin inflar y el “stent” y van viendo en los monitores, gracias al liquido y los rayos-X, en donde se encuentran las coronarias reducidas o tapadas y ahí es donde inflan el globo que ensancha la coronaria y ponen el “stent” de titanio, para darle firmeza a las paredes de la arteria afectada y dejar fluir el torrente de sangre.
Al paciente le piden cada vez que inflan el globo que defina del uno al diez el grado de dolor que siente, diez siendo el dolor más alto, causado por el globo que al inflarlo evita la circulación de la sangre haciendo que se sienta igual que un infarto. Víctor E., contó que lo hicieron 8 veces pero en realidad fueron doce, perdió la cuenta cuando algunos observadores de traje rojo de atrás se empezaron a agitar con mucha conmoción.
En ese momento, Víctor E., concluyó que lo pasarían a la sala de operaciones, o lo peor, que seguramente una de las arterias tratadas, se había reventado. Sintiéndose acorralado, sin salida y en reflexión profunda, concluía que ya había llegado el fin. En el momento inmediato, empezó a verse invadido de una gran paz y alegría profunda jamás antes experimentada, fue una ocurrencia espontanea en la que Víctor E., se consumió dentro de un estado de conciencia espléndida.
| Los conocedores consultados respecto a este admirable y fabuloso sentimiento indican que ahí momentáneamente murió el ego y resurgió el espíritu, los que han tenido esta experiencia añoran repetirla, desean volver a agobiar al ego. Inclusive valió la pena pasar tres noches en terapia intensiva para llegar a esto. El momento místico se disipa cuando Víctor E., le pide a la Doctora que llevó a cabo todo, una reseña de lo que había pasado y que le dijera lo que proseguía, después de haber fracasado el procedimiento…. Víctor E., recibe una gran sorpresa, cuando la Doctora, con gran asombro por lo que escuchó informa, con mucha energía y gusto del éxito de la intervención, terminando con la observación de que ya pronto estaría de regreso en casa. Encontraron bloqueadas en un 90% 2.5 milímetros la arteria coronaria derecha y en un 70% 3 milímetros de la arteria anterior izquierda descendente y le insertaron un “Stent”. Regresan a Víctor E., al cuarto que le asignaron ya a fuera de la Sala de Emergencia, ahí le sujetan la pierna a la altura de la ingle con una prensa y agregan sacos pesados encima, para lograr que cicatrizara naturalmente la arteria y la herida por donde habían entrado hasta el corazón y así lo mantienen un día con su noche completa. En ese punto no se cose la herida ya que la arteria no lo toleraría. Incomodo procedimiento que le causa a Víctor E., una torcedura en la espalda, que produjo más dolor que todo el sufrido durante la semana. Tuvieron que inyectarle relajantes musculares fuertes para evitar esos dolores. Ya han pasado más de diez años desde el infarto, que reveló lo vulnerable del individuo…. Decirlo así es engañoso, el concepto de individuo separa al ser de su verdadera identidad con su espíritu, con la persona escondida internamente, que es su autentica esencia. La realidad es que se descubre que el ego externo disminuye en importancia y al silenciarlo se permite entonces la verídica expresión del ser, al dejar que el espíritu prevalezca y eso fue el espléndido regalo que surgió del infarto. | |
Y así bajo esta nueva forma de ver la vida, la familia espera y se prepara con gran gusto para el nacimiento del primogénito de Andrés y Paulina. Paulina lleva un ejemplar embarazo y como siempre va creciendo la expectativa y aumentado la felicidad en concordancia con los preparativos correspondientes.
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